Sentado en el asiento trasero del coche comencé a besar a
Mario, que estaba sentado encima de mí. Metí las manos por el interior de su
camiseta y me deleité al acariciar la piel suave y cálida de su espalda. A
pesar de que Mario también tenía ganas de hacer esto, lo notaba claramente
contra mi estómago, parecía reacio a que le besara y se separó de mí para mirar
alrededor.
-
¿Qué pasa? – le pregunté intentando mirarle a los ojos.
Él se giró hacía mí de nuevo.
-
¿No... no podemos ir a otro sitio? Hacerlo aquí...
Sonreí y le abracé con fuerza. Le había llevado a un gran
descampado a las afueras de la ciudad y el inocente Mario se sentía avergonzado
e incómodo, por supuesto. Sonreí más ampliamente. Mi intención era quitarle esa
vergüenza en un momento, si es que se dignaba a dejarme besarle.
-
No te preocupes, no vendrá nadie – intenté volver a besarle,
pero esquivó mi cara.
-
¿Cómo puedes estar tan seguro?
Suspiré y apoyé mi frente en el hueco existente entre su
cuello y su hombro. Cualquiera le decía que no era la primera vez que había
estado en ese descampado. Si lo hacía, fijo que le daba la neura y se rallaba
la cabeza.
-
Mario, si alguien pasa por aquí, es para hacer lo mismo que
estamos a punto de hacer nosotros y no creo que le importemos lo más mínimo.
-
Pero...
No dejé que continuara con sus quejas. Saqué las manos del
interior de su camiseta y las llevé a sus mejillas, para evitar que volviera a
girar la cara. Le besé, obligándole a abrir los labios con mi lengua. Una vez
que me aseguré de que no me quitaría la cara, bajé las manos para agarrar el
bajo de su camiseta y levantarlo sin quitárselo del todo. Por nada del mundo
separaría mis labios de los suyos en ese momento.
La respuesta que obtuve de Mario fue más que satisfactoria.
Colocó sus manos en mis hombros, pegándose a mí y devolviéndome el beso con la
misma urgencia de la que yo mismo hacía gala. Una urgencia que fue creciendo
conforme su lengua jugueteaba con la mía. Atrapé su labio inferior entre mis
dientes para succionarlo hacia mi boca, al tiempo que mis manos trabajaban en
sus vaqueros. Me sorprendí al no desprender ninguno de los botones de la falsa
bragueta debido a la impaciencia.
Mario gimió en cuanto mi mano rodeó su erección en el
interior de los boxer. Joder, estaba tan caliente... La sola idea de pensar que
era yo el que le estaba provocando esa reacción hacía que me dieran ganas de
correrme.
Comencé a mover la mano, frotándole, sin dejar de besarle.
El ritmo de su respiración se incrementó aún más, podía sentirlo, al igual que
escuchaba los jadeos ahogados que se atascaban en mi boca. Con una sonrisa
separé nuestras caras y llevé mi boca hasta su oreja para mordisquearla.
-
Me encanta escuchar tus gemidos, ¿te lo había dicho antes? –
le susurré, moviendo mi mano más rápido, recorriendo su erección con los dedos.
Mario volvió a gemir, esta vez más alto, y apoyó su frente
en mi hombro.
-
Pero me gustaría más si gritaras, así que... Antes de que
acabemos, ten por seguro que te haré gritar, Mario.
Él no respondió, pero sí que me mordió el hombro. Justo lo
que necesitaba en ese momento, que estaba a punto de reventar. Dejé de
acariciarle, obteniendo un gemido de protesta por su parte. Sin darle
explicaciones, le desplacé desde mi regazo al otro asiento.
-
Quítate los pantalones – le dije, inclinándome hacia delante.
Debajo del asiento delantero, que estaba reclinado hacia
delante, se encontraban el bote de lubricante y un par de condones que,
estratégicamente, había colocado ahí por la tarde, esperando que esto
ocurriera.
Cuando miré a Mario, vi que él me estaba mirando a mí con el
ceño fruncido. Desvió los ojos hacia el bote de lubricante. Huelga decir que
aún no se había quitado los pantalones. Chasqueé la lengua, estaba demasiado
impaciente como para que se pusiera a perder el tiempo ahora.
-
¡Lo tenías preparado! – me acusó él.
-
Mario... la verdad es que... te mentiría si te dijera que no –
respondí sonriendo de manera pícara – Vamos, tenía la esperanza de que esto
pasara. Tú también lo estás deseando – añadí volviendo a agarrar su erección
con mi mano.
Su espalda se arqueó en el asiento, buscando, más
desesperadamente aún, el contacto con mi piel.
-
Y creo haberte dicho que te quitaras los pantalones – fingí
suspirar – Así no se puede, Mario, así no se puede...
No esperé a que él reaccionara de otra manera que no fuera
gimiendo, así que le desnudé de cintura para abajo lo más rápidamente que pude,
teniendo en cuenta el poco espacio con el que contábamos para movernos.
Le ayudé a colocarse de nuevo encima de mí, con una rodilla
a cada lado de mi cintura. Vertí un poco del contenido del bote de lubricante
en mi mano y la lleve hacia su trasero.
-
Bésame – le ordené mientras tanteaba su entrada con los dedos
llenos del frío gel.
Mario se inclinó y capturó mis labios en un beso tembloroso.
Sus uñas se clavaron en mis hombros cuando uno de mis dedos entró en él. Su
interior era todavía más caliente que el resto de él. Su propia estrechez, su
calor corporal, su tímida forma de besarme... todo en él me volvía
completamente loco.
-
Eso es – le animé, introduciendo otro dedo y buscando ese
punto que tanto le gustaba.
Entre jadeos, Mario llevó sus manos a mis vaqueros e intentó
desabrocharlos, pero sin suerte, ya que fue en ese momento cuando lo encontré.
Dejó escapar un pequeño grito ahogado y volvió a clavarme las uñas en la piel.
-
Te lo dije, ¿verdad? Que te haría gritar esta noche – le dije
desabrochando mis pantalones.
-
A.ahora... Marco – jadeó él lamiendo mis labios.
-
¿Tan ansioso estás? No es que me esté quejando, ya que la
tengo a punto de reventar, pero no estás del todo preparado.
-
Por... por favor – rogó él apoyando su frente contra la mía.
No podría resistirme a eso ni aunque lo intentara. Saqué mis
dedos de su interior, haciéndole gemir de nuevo, y liberé mi propia erección.
Cogí uno de los condones, abrí el paquetito como pude y lo coloqué con cuidado.
Volví a echarme lubricante en la mano y envolví mi erección con ella. Con esto
debería ir todo más suave. No quería hacerle daño por muchas ganas que tuviera
de empotrarle ahí mismo.
Agarré las caderas de Mario con las manos y las orienté para
que quedara prácticamente sentado sobre mí. Le besé al tiempo que hacia
descender su cuerpo, colocando la punta contra su entrada.
-
¿Estás listo? – dije contra sus labios.
Él no respondió, en su lugar, hizo algo que me dejó
totalmente atónito. Bajó sus caderas, dejándome entrar totalmente en su
interior a la primera. Mario dejó escapar un grito, en parte de placer, en
parte de dolor.
-
Idiota – le dije manteniéndome inmóvil.
Joder, joder, joder, estaba tan condenadamente caliente...
Eché la cabeza hacia atrás, haciendo acopio de toda mi fuerza de voluntad para
no empezar a moverme y darle, así, tiempo para acostumbrarse.
-
¿Estás bien?
-
S.sí... Muévete – dijo, comenzando a moverse sobre mí.
A ese ritmo no tardaría mucho en correrme. Mario estaba
inusualmente agresivo y demandante, cosa que no me disgustaba en los más
mínimo. Haciendo caso a su petición o, más bien, su orden, moví mis caderas,
acompasando mis movimientos a los suyos. Me abrazó, hundiendo su cara en mi
cuello, que empezó a mordisquear.
-
Estás juguetón hoy, ¿eh? – dije empezando a masturbarle otra
vez y moviéndome con más fuerza contra él.
El movimiento de mi mano, más las embestidas debieron ser
demasiado para él, pues se corrió de manera casi instantánea, dejando que un
grito se escapara de su garganta.
-
Eso fue rápido – le provoqué, murmurándole al oído.
Continué moviéndome contra él, más y más rápido con cada
embestida. Me había burlado de Mario, pero lo cierto es que yo no estaba muy
lejos. Con la mano libre y limpia, le agarré por la nuca y le obligué a
besarme, quería correrme mientras tuviera su lengua en el interior de mi boca.
El momento no se hizo esperar mucho y, con un jadeo ahogado,
llegué a un clímax increíble, dejándome con la respiración descompasada y con
el cuerpo agotado de Mario sobre el mío.
Me quedé así durante un rato, sin separarme de él, sin mover
ni un solo dedo. Solo disfrutando de tenerle entre mis brazos. En mis
relaciones anteriores no había conseguido disfrutarlo de esta manera, ni
siquiera se acercaban... Definitivamente, había algo en Mario que le hacía
especial.
SEXO HARDCORE! Así me gusta xDDDDDDDD A ver si, poco a poco, se le va quitando el pavo a Mario xDDDDDDDDDDDD
ResponderEliminarAinss, pero qué cachondillos están estos dos... ¡cómo me gusta! JAJAJAJAJAJAJAJ
Oins, oins, oins, me ha encantado >,<
JAJAJAJAJAAJAJAJAJAJAJAJAJAJA necesita pollazos de Marco a mansalva, para que se le quite el pavo, tía xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD
EliminarSon geniales >.<
Oinsssss, me alegro *o*
No quería hacerle daño pro muchas ganas de empotrarle que tuviese... Dios, que bonito tía... *.* jajajaja
ResponderEliminarSon tan monos... jajaja Mira, parece que Mario se va soltando un poco, que ya le tocaba al chico. Jajajaja Jo, que monos son. *.*
Me hace gracia que digas lo de "bonito" después de poner la frase del empotramiento xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD
EliminarSí, son adorables >.<
Na... todavía le costará un poco más soltarse del todo xD No deja de ser un uke xDDDDD
genial el capi.
ResponderEliminar¡Gracias! ^^
EliminarJoder me encanta, Marco en plan dominante *.*. Este cap sí me ha parecido totalmente como son las relaciones seme/uke en yaoi... Es que es ArFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFF
ResponderEliminarMuy bueno querida Bonney :D
Marco mola en todas sus facetas xDDDDDDDDDDDDDDD
Eliminar¡Gracias! ^^
q genial en cap mario ya no es un niño (TwT)/ es un ADULTO cmo bajo depronto y cmo se corrieron casi al instante, fui tan feliz fue cmo un regalo d cumpleaños ya q ese dia cumpli 17 C:
ResponderEliminaresta genial la historia sigue escribiendola :) atte: tu fan n°1 (aunque me tarde un poco n leer los 4 cap q m faltaban ^^u)
¡Me alegro mucho de que te gustara! Sí, Mario está madurando a pasos agigantados jajajaja Es la influencia de Marco xDD
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